Comentario a “Las 12 claves de la filosofía” de Basilio Valentín por Abu Omar Yabir

Contra la oscuridad: la alquimia del alma
julio 26, 2018

 

Comentario a “Las 12 Claves” de Basilio Valentín (Les douze clefs de la philosophie, trad. E. Canseliet, 1956) por Abu Omar Yabir

 Las claves de Basilio Valentín en mi opinión pueden servir para interpretar una vía húmeda, cosa que es bastante explícita tanto por la iconografía como por los textos. Sin embargo voy a elegir interpretar una vía seca, bastante conocida en la actualidad, por medio de las mismas.

También voy a comentarte los estados anímicos asociados a algunas operaciones. Tales estados aparecen como consecuencia de un proceso curioso y escasamente descrito por los autores.

Sin embargo no caigas en la trampa fácil de creer que la materia influye sobre el alquimista o viceversa. Eso es un espejismo creado por nuestro intelecto. Puede parecer así, pero un filósofo hermético debe profundizar más. En realidad la diferenciación entre procesos objetivos y subjetivos es aparente. TODO es UNO en continua metamorfosis. Esto llega a ser perceptible para el alquimista cuando se eleva su estado de consciencia.

Después de estos preámbulos paso a dar mi opinión sobre la primera lámina.

PRIMERA CLAVE:

 

En ella aparecen un rey, una reina, un lobo saltando sobre un crisol y un curioso personaje de carácter mixto, poseyendo la hoz de Saturno y la pierna coja de Vulcano. Cuatro personajes en total que representan cuatro materias, de las cuales dos son esenciales y dos accesorias.

El rey y la reina son obviamente los representantes de las sustancias que contienen los dos principios, el masculino y el femenino. Aquí lo que hay es un primer encuentro de las materias primas activa y pasiva. Esto ha originado tanta discusión en la literatura que apenas merece la pena detenerse en ello. Es normal por otra parte que haya confusión. De hecho en este momento el alquimista puede estar confuso sobre que materia tomar. Esta a la búsqueda del procedimiento que le parezca mas adecuado.

Cuando cree conocer la materia que le parece correcta es todo un acontecimiento para él , pues no suele ser fácil de encontrar en estado natural, y debe lanzarse, al igual que ese lobo, «a la montaña» a buscar sus minerales, ya que como dice el texto «las cosas impuras y sucias » o las mercancías falsificadas son impropias para nuestra obra.

Uno de los materiales del arte debe ser natural, no sintético. Debe sufrir una primera purificación a fin de separarlo de su ganga y luego una revitalización por el fuego durante un mes filosófico.

Las otras sustancias también deben ser adquiridas. La segunda materia esencial es muy común. Las accesorias eran comunes antes, pero hoy día no es tan fácil conseguirlas en el grado de naturalidad que se requiere.

Los trabajos preliminares son penosos y desagradables y una sensación de fastidio nos invade, aunque es contrarrestada por la esperanza de haber encontrado un camino válido. Las manos se ennegrecen al moler las sustancias en el mortero, pero no se debe desdeñar tocar y sentir nuestras materias a fin de percibirlas como una prolongación de nuestra propia alma.

El encuentro de estas materias primeras en su estado inicial, después de que han sido previamente energetizadas, generan una reacción relativamente viva que tiene lugar a altas temperaturas en un crisol, tal y como se observa en el fuego violento de la lámina.

Cada detalle tiene su importancia en el dibujo, incluso los más simples. ¿Os habéis preguntado porque con tanta frecuencia los personajes de la iconografía alquímica adelantan y muestran una pierna? En griego pierna se dice kneme, y la pierna adelantada es antiknemion, lo cual quizás os suene a algo conocido.

Es este un periodo de pruebas e incertidumbre, de enorme esfuerzo personal , porque el principiante se ha dado cuenta de la inmensidad de la tarea que tiene por delante. Si solo reunir el laboratorio y las materias requiere su dedicación a tiempo total durante cierto periodo ¿que clase de esfuerzo requerirá el siguiente paso?.

Sin embargo esta fase de prueba, de búsqueda, limpieza y energetización de las materias primeras, en realidad es un entrenamiento que templa la voluntad y la constancia. Luego en la soledad de su laboratorio el principiante meditara sobre el camino a seguir. Todo su interior se removerá, y saldrán las primeras impurezas internas, las voces del ego, las dudas, la pereza y el desánimo. Los sueños cambian y frecuentemente se vuelven arquetípicos. Perseguimos dragones y serpientes.

Una intranquilidad interna se levanta ante la inseguridad del porvenir, pero si el proceso se desarrolla correctamente, al mismo tiempo aparece una voluntad obstinada y una resolución que se opone a nuestras dudas y nos da fuerza adecuada para continuar hacia adelante.

SEGUNDA CLAVE:

En el segundo dibujo se ven tres personajes. Dos combatientes que pelean con curiosas espadas, en una de las cuales se enrosca una serpiente y sobre la otra hay un pájaro que recuerda un gallo. En el centro hay un joven desnudo y coronado que mantiene un caduceo en cada mano.

Esta lámina , pese a su aparente simplicidad, es muy compleja. Se podría extraer de ella gran parte de la filosofía hermética e igualmente podría ser interpretada de diez formas diferentes… todas correctas. Sin embargo en el contexto de la vía que me ocupa, se puede considerar como un símbolo expresivo de la purificación y exaltación del Mercurio.

El producto resultante de la operación anterior está aun sucio y mate. Pero sometido a los lavados ígneos del doble fuego secreto, simbolizado por los dos combatientes de la lámina, adquiere brillo y limpieza convirtiéndose en el Mercurio de los Filósofos, cuya volatilidad y espiritualidad expresan las dos alas extendidas que yacen a sus pies.

Conforme su brillo aumenta lo hacen también sus propiedades astrales y sus cualidades de imán espiritual.

La contemplación meditativa del Mercurio de los Filósofos hace crecer en el alma del alquimista una sensación de pureza y candidez, así como la aspiración hacia los mundos superiores y el deseo de elevación.

Esta actitud interna asociada a la vivencia de haber superado las primeras dificultades, debe comenzar a potenciar una cierta sutileza del discernimiento y permitir vislumbrar un secreto alquímico: el Mercurio Doble, único en esencia aunque expresado en dos formas diferentes. La primera está ya manifiesta, mientras que la segunda permanece aun oculta y se relaciona con el objeto de la tercera lámina.

Se podría tomar por ejemplo un punto de partida diferente en la interpretación de la lámina. Si fijamos nuestra atención en el lobo que salta sobre el crisol, éste es descrito por Basilio en el texto de la primera clave, como «el lobo gris muy ávido».

En el texto francés la frase aparece como «le loup gris tres avide». Si se hace una permutacion cabalística de las mismas letras obtenemos las palabras «vitriol pur des sages». A continuación podemos perseguir esta sorprendente «casualidad» a través de todo el libro e interpretar las láminas posteriores según una determinada vía húmeda que concierne al vitriolo, cosa que me sería muy fácil de hacer con una concordancia perfecta.

Sin embargo como no deseo crearte confusión complicando en exceso las cosas, pues he elegido, por una razón especial, hacer la interpretación lineal de una vía seca de principio a fin, con la esperanza de poder expresar un conjunto coherente, sin que esto tenga nada que ver por supuesto, con la libertad de que cada hermano puede investigar la riqueza de significados alquímicos por donde mejor le plazca.

TERCERA CLAVE:

En esta lámina, un dragón con pico de águila y garras aparece en el centro y sobre él una zorra corre con una gallina en la boca, mientras un gallo intenta defender a la víctima picoteando su lomo.

El dragón de características compuestas, es una quimera próxima al grifo de la mitología. Representa al primer disolvente hermético, del cual ya se ha hablado y cuyos componentes zoológicos hablan de las materias de las cuales extrae su origen.

Este dragón a su vez suministra otro componente secreto que será el disolvente filosófico del oro de la vía seca.

La operación que lo suministra está expresada por la escena del gallo y la zorra. En griego zorra es «alopes», término muy próximo a «alodes», que significa «salino». Por su parte gallo se dice «alektor», que hace cábala fonética con «alektros», cuya significación es «no casado o virgen».

La acción del agente ígneo salino sobre el mercurio virgen produce nuestro segundo disolvente secreto, de color similar a la esmeralda.

Durante este periodo se plantea un nuevo enigma sobre el alquimista.

¿Por que medio podría alcanzar un estado superior de existencia?

Salvo excepciones, pocas personas poseen visión espiritual directa. Todo lo más se nace con un germen rudimentario de la misma, que con frecuencia es ahogado por la hipertrofia del intelecto característica de la educación moderna.

El deseo de trascendencia que nace de la religiosidad espontánea del ser humano, se exalta tras la purificación del Mercurio y busca alas para volar. Sin embargo encuentra trabas para ello. Choca con el mundo de los fenómenos, con los instintos, con los deseos mundanos, el apego a lo material, las falsas ilusiones, el trabajo, la familia, la nacionalidad, las responsabilidades y todas las obligaciones que distraen nuestras fuerzas vitales de este empeño. Todo parece alzarse en contra, pero de ninguna manera puede prescindirse de ello si se quiere conservar la totalidad de la existencia humana. Son los condicionantes de nuestro destino. Es necesario colocarlo todo en su lugar. Ello resultará más o menos difícil según cada persona, pero sigue un proceso característico que trataré en la interpretación de la próxima lámina.

CUARTA CLAVE:

 

En este dibujo un esqueleto se mantiene en pie sobre un pedestal con una cruz dibujada. A su derecha tiene la luz de una vela y a su izquierda un tronco de árbol seco.

Al cuervo resultante en la primera operación hay que cortarle su negra cabeza. La cabeza de cuervo es una sustancia oscura y pestilente, muy desagradable, que esconde sin embargo una clave fundamental en el arte breve. Pese a su aspecto seco y desvitalizado, representado en la lámina como un tronco de árbol seco, sin embargo guarda en su interior un núcleo de luz vital; el azufre de los filósofos, oculto bajo una gran cantidad de impurezas inservibles.

La purificación de esta tierra negra suministra al artista la arcilla roja que «sirvió a Dios para crear a Adam». Cuando el alquimista se da cuenta de ello y acomete esta peligrosa operación, mientras se desprende de la tierra putrefacta un humo denso y venenoso, comienzan a aparecer problemas que adoptan diversas formas.

En general suelen actualizarse multitud de asuntos pendientes en la vida, lo que ahora parece que se ha convenido designar con el término orientalizado de «deuda karmica».

En realidad el asunto es muy complejo y todo se entremezcla. Lo más normal es que el conflicto se presente como una fuerte incongruencia entre lo que se «desearía hacer» y aquello que «no se tiene más remedio que hacer». Otras veces lo que hay es una sensación de vacío y soledad, casi una depresión del ánimo, con una actitud que lleva a desvalorizar muchas cosas mundanas que la mayoría de la gente persigue. A veces el ego se resiste, pero si continuamos empecinados en la calcinación de nuestra tierra, en algunas personas las cosas se ponen más duras aun.

En casos extremos una presencia sombría revolotea alrededor. El alquimista o algunos de sus familiares pueden enfermar, las mascotas caseras morir y la plantas de las macetas marchitarse.

Difícilmente se podrá pasar a la siguiente fase si no se encuentra una solución aceptable a estos asuntos y de hecho muchos abandonan aquí la Obra.

Esta etapa del camino es bien descrita por Juan de la Cruz , místico español del siglo XVI en su libro «Subida al monte Carmelo», cuando dice:

«Llamamos aquí noche (del alma) a la privación del gusto en el apetito de todas las cosas… Y este es el principal provecho que aquí el alma consigue, del cual casi todos los demás se causan; es el conocimiento de si y de su miseria, porque demás de que todas las mercedes que Dios hace al alma, ordinariamente las hace envuelta en este conocimiento.»

Una vez rota esta barrera, la primera obra está cumplida y queda despejado el camino a las etapas superiores de la Alquimia.

QUINTA CLAVE:

 

En esta lámina aparece una hermosa imagen subrealista. Una joven mantiene en un pedestal una retorta de contenido oscuro que acaba en su cara, mientras en su mano sostiene un corazón florido. A su derecha aparece un león coronado con el sol sobre su cabeza. A la izquierda un personaje ígneo parece atizar el fuego con un fuelle. Mientras tanto el pequeño Eros dispara una flecha hacia el corazón de la joven.

Esta imagen expresa la entrada en la segunda obra, cuyas operaciones preliminares son preparatorias de la sublimación alquímica.

El Azufre aprisionado en la ceniza está aun en un estado vegetativo y latente. Es preciso activarlo a fin de que se manifieste como un fiero león en su esplendor innato. Es similar a una semilla mineral que debe germinar, para lo cual hay que imbibirlo con el agua adecuada capaz de activar el proceso que lo lleve a florecer. De esta forma, «matando al vivo (el agua mercurial) a fin de resucitar al muerto (el azufre)», el metal adquiere un poder vegetativo que lo hace apto para impulsar la Gran Obra.

Esta operación requiere un fuego muy intenso, que sin embargo no debe alcanzar el punto de fusión. Realmente es una gran dificultad técnica el incorporal el espíritu de vida universal, simbolizado por Eros, en la ruda corteza que protege al Azufre. Los esfuerzos reiterados os aseguro que llegan a hacer sudar al artista que los emprende.

Este proceso y el subsiguiente podrían ser descritos mediante un verso de la Aurea Catena:

Un abismo provoca al otro, juntos tienen un duro combate

El volátil debe fijarse, agua y vapor devenir tierra,

Y el cielo mismo ser terrestre, si no, no se engendra vida alguna.

El mas elevado debe descender, y el de abajo subir.

El fijo debe hacerse alado, agua y vapor ser la tierra.

La tierra debe volar al cielo, mientras que el cielo se concentra en ella.

Así se intercambian tierra y cielo, lo inferior devendrá lo alto:

El dragón volador mata al fijo, y aquél sucumbe a su vez.

Así llegarán un día la quintaesencia y sus poderes.

En la vida del alquimista debe producirse un proceso armónico en el cual desaparezca el conflicto citado en anteriores mensajes entre las fuerzas terrestres que lo ligan al mundo y su deseo de elevación hacia el espíritu.

Este punto de su existencia se caracteriza por una gran congruencia y sus actividades son en todo momento reflejo de sus ideales.

Sin embargo no penséis que aquí ha terminado el proceso purificador. Siempre hay «un proceso de limpieza interior conforme se avanza a niveles superiores. La primera purga es la mas obvia y las siguientes son más sutiles.»

No obstante la sensación de poder interno que se deriva de la congruencia y la voluntad exaltada, hace a muchos extraviarse. Se dan cuenta de que pueden dirigir a los demás y a veces se transforman en líderes de masas, llevando a otros hacia lo que ellos consideran su iluminación. Este peligro es sutil y puede distraer fácilmente de la continuación de la Obra.

SEXTA CLAVE:

 

En esta sexta lámina el Rey y la Reina, que se conocieron ya en la primera clave, tras un largo noviazgo lleno de incidencias, se disponen a formalizar su matrimonio, siendo bendecidos por un obispo. A la derecha, como siempre, aparece el sol, bajo el cual canta un cisne y arde un horno sobre cuya tapa hay una doble cabeza que sopla en dos recipientes. A la izquierda está la luna y otro personaje con el tridente de Neptuno que realiza una destilación en un alambique con capitel.

El azufre vivo debe ser unido al mercurio vivo por medio de un intermediario, respetando las proporciones de humedad y sequedad. De esta unión espiritual nacerá un hijo que será el heredero legítimo de su reino y que se elevara sobre las nubes del cielo alquímico.

Desde el punto de vista de la vía breve, esta fase se realiza mediante una operación física durante la cual se oye el canto del cisne, un curioso silbido que marca el éxito del proceso.

Basilio Valentin lo describe poéticamente diciendo: «El hombre doble ígneo debe alimentarse de un cisne blanco; ellos se destruirán mutuamente y de nuevo volverán a la vida…. Entonces el cisne asado será la comida del rey, y al rey le gustará mucho la voz agradable de la Reina, la abrazará y con su gran amor se saciará de ella, hasta que desaparezcan los dos y se fundan juntos en un solo cuerpo».

La unión radical del azufre y el mercurio engendra un hermafrodita sublimado de hermoso color, que permanece no obstante en su cuna, es decir en el disolvente que lo extrajo, requiriendo cuidados y alimentación hasta que su crecimiento lo conforte y haga suficientemente fuerte para emprender el camino en solitario.

A partir de aquí se hace difícil la descripción de los procesos subjetivos, porque se inicia un nuevo orden de cosas que conlleva experiencias extraordinarias. Con frecuencia se desarrollan lo que algunos autores modernos llaman «estados alterados de consciencia», aunque más bien deberían llamarse «estados expandidos» de la misma.

Inicialmente se produce durante breves periodos y luego con más frecuencia, una forma distinta de pensar que capta las cosas por simple aprehensión, sin tener que reflexionar sobre ellas. Es una forma de intuición que se asocia a una vivencia interna de trascendencia.

La inteligencia abstracta se desarrolla y se abre la comprensión a la multiplicidad de significado de los símbolos. La visión del universo cambia hacia la percepción de una armonía manifestada por todas partes y por todas las cosas vivas. Aquellos que ya de por si sean de temperamento místico pueden tener experiencias de supremo éxtasis interior y percibir otros mundos antes ignorados.

Otras constituciones de alma quizás solo se vuelvan mas lúcidas e incluyan las percepciones intuitivas en su orden de cosas.

Externamente todo sigue igual, pero la personalidad cambia, lo cual puede resultar sorprendente para aquellos que antes nos conocían bien, pues nos ven diferentes aunque no saben exactamente porqué.

En esta fase de la Obra los principios superior e inferior se unen armónicamente, haciendo entrever aquello que puede llegar a ser en el futuro, pero que aun permanece como una promesa, al igual que el arcoiris que lució en el cielo después de la tormenta del diluvio.

SÉPTIMA CLAVE:

 

Estimados hermanos:

Esta figura se diferencia de las demás, al igual que la décima, porque en ella aparecen palabras latinas en las figuras. Yo me inclino a interpretar que es así porque son descriptivas de los importantes resultados obtenidos en las láminas precedentes.

Aquí un círculo que pudiera parecer la panza de un matraz, tiene en su parte superior algo similar a un tapón que recuerda al «luten de sapiencia» y sobre él están escritas las palabras «sigilum hermetis». Por detrás hay una figura con los atributos de la Justicia, la cual mientras mantiene el equilibrio perfecto de las proporciones, parece observar el matraz.

La imagen se puede mirar desde diversos ángulos. Podéis imaginar que el tapón forma una cruz con los brazos de la figura creándose así el conocido símbolo alquímico de la Tierra. También podéis poner la lamina boca abajo y entonces los pies de la figura dan la sensación de corresponder a un semicírculo y en conjunto se apreciaría el símbolo del Mercurio.

Alrededor del cuadrado de la sal aparecen las estaciones, con la primavera del lado de la espada que recuerda a Marte, regente de Aries, que es el signo zodiacal donde se localiza el punto vernal que marca el equinoccio de primavera y la balanza en el lado del otoño relacionándose con el signo de Libra y el equinoccio de esta estación. Estas mareas planetarias son de la mayor importancia en la vía que nos ocupa.

El círculo encerraría la tierra o caos inicial de los sabios, que por las operaciones descritas se ha purificado, llegando al grado de armonización de la quintaesencia. Esta se manifiesta en la vía seca como una sal que es el «vaso de la Naturaleza» porque se convierte en la morada en la que vive un principio mineral justamente armonizado, acuoso e ígneo, simbolizado por el triángulo del fuego con el agua en su interior.

Personalmente me gusta llamar a esta sal, parecida en transparencia y color a una amatista, «Jacinto de Compostela», lo cual es bastante sugerente sobre su aspecto y origen.

OCTAVA CLAVE:

En la octava lamina se vuelven a repetir los macabros motivos que ya vimos en la cuarta, lo que hace pensar que se refiere a una fase similar, solo que ahora en un arco superior de la espiral. Pero mientas que el dibujo cuarto es acaparado por el esqueleto y la vida está simbolizada solo por una tímida candela, aquí en cambio el concepto de muerte y resurrección gloriosa predominan en la imagen.

La putrefacción de la semilla es siempre previa a la cosecha y aunque aquí también se produce un color negro, simbolizado por los pequeños cuervos de la izquierda, sin embargo la trompeta del ángel de la derecha evoca la esperanza de una vida superior.

En el centro una figura se levanta de una fosa, junto a la que yace un cadáver. Yo me inclino a pensar que más que un sepulturero se trata de la resurrección de un cuerpo regenerado.

Finalmente en el ámbito del cementerio dos arqueros tiran a una diana sobre la que se encuentra una llave secreta.

Recordad que según los mitos del evangelio, Cristo, después de su humilde nacimiento en una cueva o establo, creció y tuvo que morir en la plenitud de sus facultades para llegar a la perfección divina.

Igualmente la minúscula semilla o quintaesencia mineral, debe ser arrancada de su cuna, alimentada y confortada tres veces por disolución y coagulación, para sufrir posteriormente una siembra en la que se producirá la última putrefacción que la llevará hasta el estado final de Piedra Filosofal.

Pero ¿cual es la tierra lo suficientemente rica para que esta semilla, al ser sembrada, produzca tal fruto milagroso?

Sin duda es uno de los secretos mejor guardados de la obra y se puede decir que encontrarla es realmente «dar en el blanco».

En esta fase el alquimista que ya gozaba de una cierta regeneración y vida espiritual, vuelve a verse involucrado en un terrible proceso que desafortunadamente es insoslayable en su marcha hacia lo Absoluto.

El primer periodo de putrefacción lo purificó de sus apegos y conflictos emocionales y mundanos.

Ahora tiene lugar el segundo, donde debe deshacerse de todas sus ideas preconcebidas, de todos sus conceptos mentales, incluyendo sus ideas a cerca de lo que pueda ser Dios, el Espíritu o la Piedra Filosofal, que incluso en este estadio avanzado de evolución resultan pueriles.

En este vacío de la mente, que dejaría perplejo a cualquier psicólogo occidental, se debe coagular un nuevo orden de cosas que ya no es expresable por medio del intelecto.

Los antiguos Maestros intentaron hacer referencia a esto con símbolos, pero incluso éstos son solo una aproximación, una señal en el camino que orienta la dirección de la mirada, ya que la realidad a que se refieren esta fuera del estado de percepción ordinaria del ser humano medio.

Se trata de un proceso extremadamente duro y angustioso, en el cual toda la felicidad y dulzura amorosa que se había conquistado para el alma, muere repentinamente dejando al artista en la mayor de las oscuridades.

Tan solo la fe puede auxiliarnos en este trance donde lo único que podemos hacer es esperar que algún día germine la nueva semilla, que por el momento permanece invisible en la oscuridad de la Nada.

También esta fase es descrita por Juan de la Cruz, ya citado en la cuarta clave, cuando dice:

«Esta segunda noche (del alma) es más oscura que la primera, porque pertenece a la parte superior del hombre, que es la racional, y por consiguiente, más interior y mas oscura, porque la priva de la luz racional, o por mejor decir, la ciega, y así es bien comparada a la media noche, que es lo mas adentro y mas oscuro de la noche.»

Así en esta vía seca la rémora se volverá invisible en el seno de un profundo mar, donde evolucionará durante los siete días de la creación hacia la generación del Rey de reyes.

NOVENA CLAVE:

 

En esta lámina un círculo con tres corazones serpentinos es sobremontado por una cruz formada por un hombre y una mujer desnudos y asociados con diversos tipos de pájaros.

La mujer parece tener un cisne en la cabeza y el pavo real en los pies, mientras que al hombre se asocian el cuervo y el ave Fénix.

De esta manera expresa Basilio Valentin las fases de la cocción del REBIS, que tiene lugar en regímenes, y que se hacen con una sola materia, con un solo fuego y en un solo vaso.

Sin embargo en la vía breve, como indiqué en la anterior clave, el proceso es oscuro y no se anima por las variaciones de color propias de la vía húmeda.

Parafraseando a Fulcanelli: «a la inversa de la vía húmeda, cuyos utensilios permiten el control fácil y la observación justa, la vía seca no puede esclarecer al operador en un momento dado.. Todo sucede en el más profundo misterio en el interior de un crisol cuidadosamente cerrado enterrado entre carbones incandescentes.. Aquí al contrario, el viajero desprovisto de toda guía, intrépido hasta la temeridad, se interna en éste desierto árido y quemado… es un ciego que prosigue su camino sin otra esperanza que su confianza en la misericordia divina.»

Así, regulando el fuego exterior, esperando en esta noche oscura del espíritu, sentado junto al Atanor Eterno, el artista vela su obra al igual que el ángel que aparece en el grabado de Durero «Melancolía», apoyándose en la fe y la confianza de que la Naturaleza, guiada por el Poder Eterno, lleve la Obra a buen fin, sin que él pueda intervenir en el mecanismo íntimo y oscuro del proceso.

DÉCIMA CLAVE:

 

La décima lámina es discordante con el resto. Nos muestra el triángulo invertido del agua con dos círculos concéntricos en su interior. En los ángulos están los símbolos astrológicos del Sol, la Luna y Mercurio, junto con una serie de curiosas leyendas. El conjunto representa de forma simbólica el Elixir resultante de la cocción final, expresando mediante letras latinas y hebreas los procesos previos que lo engendran.

La leyenda latina dice:

«He nacido de Hermógenes, Hyperion me ha elegido, sin Iamsuph estoy condenado a perecer»

Hermógenes es una palabra compuesta de «Hermes»; el Mercurio griego, y génesis que significa «principio, origen, causa de vida» . Literalmente la frase sería: «He nacido del principio u origen de Mercurio», siendo ésta la máxima abreviatura posible de la Primera Obra donde se preparan y purifican las materias primas generadoras de los principios herméticos.

Hyperion es el nombre de un personaje de la mitología griega. Fue uno de los doce titanes que nacieron de la unión de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra). Cuenta la leyenda que se casó con su hermana y engendró tres hijos : el sol (Helios), la luna (Selene) y la aurora (Eso). Su nombre proviene de la contracción «Hyper» que significa «superior» e «ion» que significa «violeta». Tal es el genial paradigma de la segunda Obra, en la cual por medio del artificio de los dos mercurios, el azufre filosófico o sol hermético se eleva sublimado en forma de sal violeta.

¿Que puede significar el término de Iamsuph?.

Recordemos que Basilio Valentín realizó un peregrinaje a Tierra Santa, según nos cuenta en su libro El Carro Triunfal del Antimonio.

Algunas rutas antiguas de peregrinación iban a través de Egipto y Alejandría. En este camino, junto al delta del Nilo se extendía antaño un valle llamado Natrium y Bahr Belama, que significa «río sin agua», que se inundaba periódicamente en época de las lluvias por la crecida del Nilo. Un poco más al Este en el istmo de Suez, mucho antes de la construcción del canal, hubo una zona que primitivamente también estuvo cubierta por las aguas del Mar Rojo. Posteriormente éstas se retiraron por elevación del terreno, quedando una superficie llena de lagos salados que al evaporarse dejaban abundantes eflorescencias de sal. Cuenta la tradición que por allí pasó Moisés conduciendo a su pueblo a la Tierra Prometida y que esta extensión fue llamada Iam Suph que quiere decir «mar seca».

Ello es concordante con la práctica , ya que el extraño residuo que queda tras la retirada de la «mar salina» alquímica , es el paso conducente a la Tierra Prometida y la llave que abre la última puerta secreta de la Gran Obra.

UNDÉCIMA CLAVE:

 

En la lámina once un león devora a otro, estando cada uno de ellos cabalgado por una joven que lleva un corazón en la mano, de los cuales parecen brotar el sol y la luna. Un caballero armado quiere acometerlos con una espada, mientras que al otro lado se ve una imagen un tanto cómica de varios leoncillos, que reciben cierto aire que surge de debajo de la cola del león principal.

Esta lámina, pone de relieve algo que no se ha estudiado con profundidad y es el sentido del humor expresado a través de la Alquimia. Ciertamente a veces parece que los autores realmente nos toman el pelo con sus incongruencias, sus imágenes y sus textos.

El humor y la risa tienen sin embargo su razón de ser y un propósito didáctico definido, pues con frecuencia es gracias al humor que captamos sutilezas sobre multitud de temas, incluyendo el propio autoconocimiento.

Ya casi al final de nuestro camino podemos retornar a un texto de la primera clave:

«Cuando el león esta saciado, su espíritu es mas fuerte que antes y sus ojos equivalen al sol, siendo su naturaleza interior mas fuerte para lo que se busca…. Esos diez hombres leprosos le siguen y desean beber de su sangre y de su alma, y los que son alcanzados por la enfermedad se alegran profundamente en su espíritu.»

Los hombres leprosos podrían significar, entre otras cosas, los metales imperfectos, cuyo azufre débil puede ser fortalecido por el león hasta alcanzar su nivel de poder en un proceso transmutativo. Pero el león a su vez se debilita en esta especie de «transfusión», por lo que debe saciarse y regenerarse para no desaparecer. Ello nos lleva a la llamada «multiplicación de la Piedra» que permite potenciarla en cantidad y calidad hasta ciertos límites, pasados los cuales nos veríamos frustrados en nuestro deseo y seriamos realmente burlados por el destino.

El procedimiento en vía seca consiste en repetir el proceso básico de la Alquimia; Solve et Coagula, con la Piedra según el procedimiento habitual descrito por Basilio:

«Disuelve este azufre en su propia sangre , de la cual ha sido hecho antes de su fijación, según los pesos indicados en mi sexta clave. Entonces has disuelto y alimentado el verdadero león con la sangre del león verde. Porque la sangre fija del león rojo ha sido hecha de la sangre no fija del león verde, ya que ambos son de la misma naturaleza.»

En esta fase ya próxima al final del trabajo, el alquimista contempla maravillado como operaciones que antes tardaban días en completarse, ahora lo hacen solo en unos minutos.

La alegría es grande y supera con creces todo cuanto se puede experimentar con cosas mundanas. Es una especie de «ebriedad divina» .

Cyliani describe este estado de ánimo al final de su obra:

«¡Cuan grande y viva fue mi alegría¡. Estaba fuera de mi; me sentí como Pigmalión, me puse de rodillas para contemplar mi obra y dar gracias al Eterno…Múltiples ideas se ofrecían simultáneamente a mi pensamiento…finalmente acabé temiendo volverme loco de felicidad… Apenas pasaban algunas horas sin que me quitase el sombrero y elevando los ojos al cielo le agradeciese haberme concedido semejante dicha…. Sentí la necesidad de obligarme a hacer mucho ejercicio caminando por el campo, lo cual hice durante ocho horas seguidas. .. Finalmente me calmé, comprendiendo cuanto me exponía al hacer semejantes gestiones.»

Realmente conviene retornar a un estado sereno y no dejarse llevar por el exceso de entusiasmo. Pasado cierto límite, la Piedra deberá multiplicarse solo en cantidad y no en potencia, para no arriesgarnos a malograr un resultado que probablemente se haya tardado toda una vida en conseguir.

DUODÉCIMA CLAVE:

La última figura muestra un alquimista frente a un horno donde arde un fuego violento. El sol y la luna aparecen por la ventana y abajo hay una maceta o crisol de donde nacen dos flores. A su izquierda un león devora una serpiente.

Las dos flores simbolizan las dos piedras, roja y blanca. El horno es el Atanor real y eterno, y el león devorando la serpiente podría considerarse como el símbolo de la fermentación de la piedra.

Esta para ser transmutativa debe ser fermentada con plata u oro según se trate de la piedra al blanco o al rojo, pues al devorar el mercurio de los metales perfectos y especificarse con su azufre, se convierte en polvo de proyección. El proceso está claramente descrito en el texto y exime de cualquier explicación.

En este punto el alquimista se ve en el trance de realizar sobre él mismo el proceso correspondiente de transmutación asequible al género humano, lo que enlaza con el polémico tema de la Alquimia y la inmortalidad.

La Gran Obra, la Vida Eterna, la Iluminación y el destino último del hombre. Tales son los enigmas que en realidad se pretende desvelar con la Alquimia.

Las referencias a estas cuestiones no son excesivamente abundantes. Algunos autores, como Nicolás Flamel se limitan a decir que se veía «forzado a ocultar su intensa felicidad para no llamar la atención» , porque la Piedra le había «borrado el pecado original del hombre». Algunos otros de inclinación mística, tales como Sendivogius o Boehme intentan expresar cosas que en realidad no pueden expresarse, mediante diferentes discursos teológicos. Otros ni eso, y se limitan a alabar las virtudes medicinales del Elixir.

En realidad aquí existen dos cuestiones diferentes.

Por una parte esta el asunto de la inmortalidad física, que tomado literalmente es obviamente utópico. Existe la prolongación de la vida por exaltación de la energía vital y la salud. La cuantía de dicha prolongación es imprevisible y depende de muchos factores, tales como el estado previo de salud del alquimista. Aquel que haya perdido los riñones o el hígado, obviamente no va a regenerarlos.

Igualmente influye su constitución energético-anímica. Al nacer recibimos una triple energia compuesta por la herencia, el impulso vital y una «energía primaria o ancestral». Esta triple energía se va consumiendo con los años y habitualmente encuentra en un siglo el límite máximo de sus posibilidades. En ocasiones es más escasa de lo normal y las posibilidades de vida se acortan considerablemente por activación precoz de los programas de degeneración celular, como ocurre en los síndromes de vejez prematura.

La Piedra Filosofal, gracias a su gran sutileza y capacidad de penetración, es capaz sin embargo de restaurar esta energía y renovar al organismo de generación en generación, rechazando sus impurezas físicas y energéticas, pero siempre hasta ciertos límites que vienen determinados por la calidad de los factores antes citados.

Pero todo esto no tiene nada que ver ni de cerca ni de lejos con la auténtica inmortalidad. El problema es más sutil, aunque admite ser razonado hasta cierto punto.

Reflexionemos. El ser humano es una unidad compuesta de elementos físicos y otros que llamaremos genéricamente «espirituales».

El cuerpo físico, al igual que todo sujeto que se desarrolla en el reino del tiempo (Kronos) está sometido a sus leyes de nacimiento, desarrollo y muerte.

En cambio los componentes superiores del espíritu humano, se elevan por encima de este reinado y participan de la eternidad, es decir de una existencia intemporal.

Nuestro problema actual es que la consciencia física del cerebro no está preparada para percibir ésto. La influencia es indirecta, a través de ideales, motivaciones superiores y «sed de espíritu» que nos llevan a una búsqueda de aquello que intuimos pero no percibimos.

Tal es una manifestación de lo que el cristianismo llama «pecado original», ya que el ente humano al participar del «árbol de la ciencia de los opuestos», queda como escindido y condenado a reconciliarse con sigo mismo, a través de su propio esfuerzo evolutivo.

Para ello desciende hasta el plano de máxima inercia donde comprende la esclavitud de la mente y lo engañoso de las apariencias. De esta manera comienza a buscar la esencia de donde provino, oculta en el cielo y en lo más profundo de la materia, realizando que en el Universo no hay exterior ni interior, sino que Todo es Uno.

Si con un vigoroso esfuerzo de la personalidad y con ayuda de la sincronicidad hermética, convertimos nuestro cuerpo-alma en una sal purificada y sublimada capaz de recibir el influjo del hombre-espíritu, un puente luminoso llega a tenderse a través del abismo de oscuridad de la consciencia.

Entonces como dice un antiguo «sutra» oriental: «el veedor (purusha) se establece en su propia naturaleza.»

La conciencia cerebral es silenciosamente golpeada como por un relámpago y es entonces cuando se percibe la inmortalidad, de la que en realidad siempre hemos participado aunque no nos diéramos cuenta de ello.

El Ouroboros ha mordido su cola y el ciclo de la Gran Obra se ha cumplido.

Somos mortales e inmortales al mismo tiempo.

Reconocemos nuestro destino y nos hacemos libres.

Saludos cordiales,

Abu Omar Yabir

 

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